El futuro de las abejas en manos de la industria de
plaguicidas
La Comisión Europea permite a las empresas
fitosanitarias modelar la normativa en cuestión de plaguicidas.
Informe de Corporate Europe Observatory y Coordinación Europea de
Apicultura (Noviembre 2010)
El número de abejas y otros insectos
polinizadores está cayendo de forma dramática, poniendo su futura
supervivencia en peligro con consecuencias catastróficas para los ecosistemas y
la agricultura. En algunos países europeos, las abejas están desapareciendo
del medio ambiente a la velocidad sorprendente de hasta un 20-32% al año1. Una
serie de factores contribuyen a este descenso, incluida la aparición de nuevos
virus y el cambio climático, pero hay claros indicios de que las prácticas
agrícolas modernas, en particular el predominio de la agricultura de
monocultivo con su dependencia de los plaguicidas podría ser clave.
Existen evidencias científicas que
sugieren que los cambios en las prácticas agrarias podrían estar dejando las
poblaciones de abejas vulnerables a enfermedades y parásitos, aumentando así
su tasa de mortalidad. Incluso hay indicios para pensar que los nuevos
plaguicidas existentes en el mercado o la variación tradicional de sus formas
de aplicación podría ser responsables del colapso de colonias completas de
abejas. Por ello, es urgente mejorar la evaluación y el control del uso de
plaguicidas. Sin albergo, en la Unión Europea este proceso parece haber sido
tomado por la industria. Los grupos de asesoramiento responsables de redactar
las directrices sobre la evaluación de la toxicidad de plaguicidas se componen
de "expertos" de la industria de los plaguicidas.
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La Coordinación Europea de Apicultura (CEA) es un grupo
técnico formado por asociaciones de profesionales de la apicultura de la UE4
que ha estudiado el impacto de los plaguicidas sobre las abejas y la forma en
que los pesticidas están regulados a nivel Europeo. La revisión de la
legislación vigente en la Unión sobre plaguicidas reveló defectos importantes
que permiten la comercialización y el uso creciente de plaguicidas que tienen
un impacto perjudicial sobre las poblaciones de abejas5. Por ello, la CEA está
pidiendo una revisión urgente de la forma en que los plaguicidas y sus
principios activos son autorizadas en la UE.
Dicha demanda es particularmente oportuna, ya que los anexos
de la Directiva de 1996 sobre pesticidas se están revisando en la actualidad,
incluyendo los requisitos que las empresas de fitosanitarios deben cumplir para
que sus productos plaguicidas sean autorizados. Esto promociona una oportunidad
inmejorable para perfeccionar la forma en que los plaguicidas se evalúan en la
UE, y evitar que sustancias altamente tóxicas sean difundidas en el medio
ambiente, matando a abejas y otros insectos beneficiosos.
Sin embargo, este proceso de evaluación parece haber sido
tomado por la industria de plaguicidas. Las instituciones europeas, y la
Comisión en particular, se basan en más de mil grupos de expertos y órganos
consultivos a fin de elaborar nueva legislación. Este sistema ha actuado como
una invitación abierta a las empresas para influir en las políticas que les
afectan. Los grupos de presión empresariales han encontrado su camino en muchos
de los grupos u organizaciones en los que la Comisión deposita su confianza,
donde se puede influir y ayudar a moldear la legislación ya desde las primeras
fases de su redacción.
En este caso, la aparente falta de conocimientos sobre las
abejas en las instituciones de la UE ha llevado a la elaboración de directrices
que se "subcontratan" o delegan a otras organizaciones. Esto a su vez
ha permitido que "expertos" de la industria de los plaguicidas
asesoren sobre cómo debe medirse el impacto de los pesticidas en las abejas.
Los "expertos", que incluyen a empleados de BASF, Bayer Crop Science,
Dow Chemicals, Syngenta, y otras empresas de fitosanitarios, son miembros de los
grupos de trabajo encargados de definir la metodología para medir el impacto de
los plaguicidas sobre las abejas. Los expertos de la Coordinadora Europea de
Apicultura dicen que un consejo de dichas personas tendrá consecuencias
desastrosas para las abejas.
La exposición crónica a plaguicidas ignorada
Tradicionalmente, los pesticidas han sido pulverizados
directamente sobre las plantas. Sin embargo, los pesticidas se aplican también
en forma sistémica : cubriendo las semillas con una mezcla tóxica de
insecticidas y fungicidas (pildorado), inyectando pesticidas en el suelo o
directamente en la planta o por el agua de riego. Como resultado, la planta
absorbe los plaguicidas durante su desarrollo o los plaguicidas se distribuyen
directamente a lo largo de toda la planta, incluyendo las flores.
Los insectos que se alimentan del polen, néctar o de la
planta directamente, se exponen a ellos de forma continuada o crónica, ya que
permanecen en la planta durante largos períodos de tiempo. Igualmente ocurre
con el agua contaminada de plaguicidas que intoxica a las abejas cada vez que la
beben. Incluso si las concentraciones no las matan al instante, la exposición
repetida a pequeñas cantidades de plaguicidas puede tener serios impactos en la
salud de las abejas.
Además, los pesticidas sistémicos se acumulan en las
reservas de alimentos de la colmena (formadas a partir de néctar, agua7 y
polen8) lo que significa que no sólo las abejas que vuelan para recolectar
alimentos pueden intoxicarse, sino que los miembros de la colonia que se quedan
dentro de la colmena (la reina, la cría, las abejas nodrizas, etc.) también
están expuestos a los plaguicidas.
Hasta ahora, el impacto de esta exposición crónica a
fuentes de agua y alimentos contaminados en las abejas y sus colonias ha sido
completamente ignorado en las evaluaciones de riesgos de plaguicidas. Sólo la
toxicidad aguda -los efectos adversos de un
plaguicida como resultado de una única exposición directa
(o de múltiples exposiciones en menos de 24 horas)- y en ciertos casos la
toxicidad para las larvas se han evaluado. Además, las metodologías utilizadas
para evaluar el impacto en las abejas adultas y en el conjunto de la colonia
tampoco tienen en cuenta de la presencia a largo plazo de los plaguicidas en el
medio ambiente.
Muchos apicultores y científicos creen que la recientemente
comercialización de insecticidas sistémicos en base a la nicotina, los
neonicotinoides, puede ser un factor importante en las recientes muertes en masa
de abejas. Aunque la nicotina es un estimulante en los seres humanos, esta
sustancia y sus derivados, los neonicotinoides, son potentes insecticidas que,
entre otras acciones interfieren en actividades como el aprendizaje,
reconocimiento o reacción a estímulos. Estos productos comenzaron a ser
ampliamente utilizados a finales del siglo pasado, ya sea aplicándolos
directamente al suelo o al recubrimiento de las semillas, principalmente de
maíz9. Algunos de estos plaguicidas son altamente tóxicos. Por ejemplo, la
sustancia activa imidacloprid, un producto de Bayer, es más de 7.000 veces más
tóxico para las abejas que el DDT al que ha sustituido10. Estos plaguicidas
también persisten en el ambiente durante largo tiempo.
¿Quiénes son los expertos?
La Coordinadora Europea de Apicultura cree firmemente que una
evaluación adecuada de los riesgos de estos pesticidas en las abejas es de suma
importancia. Sin embargo cuando la organización, junto con representantes de la
comunidad científica, planteó la necesidad de cambiar el procedimiento de
aprobación de los pesticidas sistémicos, descubrieron que la industria de
plaguicidas había logrado introducir sus propios "expertos" en grupos
de trabajo que asesoran sobre cómo los riesgos de pesticidas deben ser
evaluados.
Pronto quedó claro que ni la Comisión Europea, ni la AESA,
cuenta con un solo experto sobre abejas. Normalmente la Comisión se refiere a
las recomendaciones de la Organización Europea y Mediterránea de Protección
Fitosanitaria (en inglés EPPO) para la evaluación de los impactos de los
plaguicidas sobre las distintas especies. Esta organización intergubernamental
reúne a representantes de países de Europa, África del Norte y de Asia
occidental, y define las directrices a seguir para los tests a realizar del
efecto de los pesticidas en diferentes especies. Las directrices se adaptan
continuamente a los descubrimientos científicos más recientes 11.
Sin embargo, en el caso específico de las abejas y las
colonias de abejas, la EPPO tampoco cuenta a nivel interno con expertos, por lo
que ha delegado la tarea de diseñar las directrices y los cambios a un grupo
internacional e informal de expertos denominado Comité Internacional de la
Relación Planta-Abeja (en inglés ICPBR). Este Comité no tiene carácter
oficial, sino que fue creado en 1950 como una plataforma para compartir
información sobre la relación entre abejas y plantas. El ICPBR comenzó como
una plataforma científica, pero ha atraído a un creciente nivel de
participación de la industria fitosanitaria que parece ejercer una influencia
considerable en su trabajo.
El ICPBR se organiza en grupos de trabajo, uno de los cuales
aborda los últimos conocimientos sobre las abejas y ecotoxicología. Se compone
de científicos, funcionarios gubernamentales, representantes de la industria de
plaguicidas y consultores que realizan los tests de impacto y los expedientes de
aprobación para las empresas. Huelga decir que las empresas de plaguicidas
tienen un gran interés en influir en las decisiones, los mensajes y
recomendaciones hechas por este grupo, ya que estos afectarán a la decisión de
si sus pesticidas serán aprobados para comercialización.
El ICPBR formó tres grupos de trabajo para examinar la
cuestión de los plaguicidas y sus efectos en las abejas. De los 17 miembros del
grupo de trabajo, seis procedían de la industria con algunos de ellos
participantes en dos grupos de trabajo. Los miembros de la industria fueron :
Roland Becker (BASF), Mike Coulson (Syngenta), Natalie Ruddle (Syngenta), Ed
pilling (Syngenta), Christian Maus (Bayer Crop Science), Mark Miles (Dow
Chemical).
Estas empresas producen los pesticidas sistémicos que se
cree son responsables del problema de desaparición de las abejas. Sin embargo,
han sido invitados para diseñar las directrices que se utilizarán para evaluar
sus propios productos. Este es un caso típico del zorro cuidando el gallinero.
El resultado : las recomendaciones favorables a la
industria.
El CEA dice que los resultados son desastrosos. El grupo de
trabajo del ICPBR ha presentado propuestas que son totalmente incompatibles con
la supervivencia de las colonias de abejas y la apicultura.
En primer lugar, el grupo de trabajo ICPBR sobre la cría de
la abeja ha propuesto que una pérdida general del 30% de la cría de abejas
(uno de los componentes de la colmena : el grupo de larvas en la colonia), o una
pérdida del 50% de huevos o de otros estados larvales , sea considerada
"normal", ya que argumentan que esta reducción puede darse en un año
en que se den malas condiciones (mal clima, pobres fuentes de alimentos, etc.)12
Sin embargo, sugerir que una pérdida del 30% de la cría de
abejas por un pesticida, además de todos los demás factores que pueden causar
pérdida de la cría, es "normal", es claramente instigada por
intereses comerciales, y legalizará un gran daño a las abejas. Además, un
apicultor no puede sobrevivir si, de manera sistemática, pierde un 30% -50% de
la futura colonia cada vez que su miel es producida a partir de cultivos que han
recibido tratamiento de plaguicidas sistémicos. Este grupo de trabajo está
integrado por representantes de BASF, Bayer Crop Science, y AGP Eurofins, así
como representantes de los organismos británicos y franceses de seguridad
alimentaria (FERA13 y ANSES14), y el Julius Kühn Institute de Alemania.
En segundo lugar, la propuesta de evaluación de riesgos del
ICPBR no incluye una evaluación de la toxicidad crónica de los pesticidas15.
En su lugar, propone medir el efecto tóxico sólo si el pesticida presenta
problemas en el corto plazo (toxicidad aguda).
Esta negativa es catastrófica. No es posible extrapolar las
consecuencias de la exposición a pequeñas cantidades de plaguicidas durante
largos períodos de contacto con una única exposición a grandes
concentraciones. Esto significaría que las sustancias activas que son altamente
perjudiciales para las abejas cuando son expuestos por largos períodos, pero
que no necesariamente causan daño a corto plazo, se considera un riesgo bajo
para los polinizadores. Si comparamos la situación con los humanos, sería como
no tener en cuenta los efectos carcinogénicos provocados por la exposición a
sustancias tóxicas durante un largo periodo de tiempo.
En tercer lugar, las propuestas del ICPBR no tienen en cuenta
el impacto de la exposición en la colonia de abejas, que puede verse alterado
hasta el punto de hacerla inviable. Como se mencionó anteriormente, muchos de
estos pesticidas son neurotóxicos. Esto puede afectar a la capacidad de
reconocimiento de estímulos de las abejas, lo cual es crucial para su
orientación y la comunicación entre los miembros de la colonia.
La Coordinadora Europea de Apicultura ha enviado repetidas
cartas y notas a la EPPO y al ICPBR con el fin de subrayar estos puntos. Aparte
de un miembro de la EPPO que respondió compartiendo las mismas inquietudes, sus
reivindicaciones parecen haber sido ignoradas.
La situación no podría ser peor para las abejas y la
apicultura. Como la EPPO carece de expertos en abejas, son también incapaces de
juzgar las recomendaciones, influenciadas por la industria, de los grupos de
trabajo ICPBR. Del mismo modo a nivel de la Comisión, no hay expertos que
puedan evaluar estas recomendaciones - y será a este nivel donde se tomará la
decisión final sobre los requisitos para la autorización de plaguicidas en la
UE.
Estos son sólo algunos ejemplos de las consecuencias del
conflicto de interés experimentado por este grupo que resulta en una nulidad y
falta de lógica total en la evaluación de los riesgos medioambientales de
pesticidas. Como resultado, no sólo se desacredita la credibilidad de dicho
grupo, sino que también plantea serias preocupaciones acerca de la adopción de
decisiones en la Unión Europea.
Investigación independiente – un imperativo
La Comisión Europea y la EPPO han externalizado sus
conocimientos a la industria, y no es sorprendente que los "expertos"
de la industria hayan llegado con propuestas que se adaptan a sus intereses, y
no con los esfuerzos necesarios para detener el desplome del número de abejas.
Permitir que la industria se autorregule conlleva el claro
riesgo de que sus beneficios vengan antes que sus precauciones. En el caso de
las abejas esto está claro. La presencia de la industria ha creado un conflicto
de interés en la fuente de conocimientos.
El ICPBR debe garantizar la independencia de su trabajo y
para ello reestructurar su procedimiento interno de toma de decisiones. No puede
ser posible para las empresas desarrollar las normas establecidas para regular
sus propios productos nocivos.
Los Estados miembros de la UE y las personas encargadas de la
gestión de riesgos de la Comisión Europea contribuirán durante los próximos
meses a la revisión de la antigua directiva sobre plaguicidas, y pueden
aprovechar la oportunidad para asegurar que estudios se lleven a cabo para
asegurar que no hay riesgo para las abejas o sus colonias.
Es esencial para nuestro medio ambiente, nuestra flora y
nuestra fauna que la Comisión y los Estados miembros garanticen que los
conocimientos en que basan sus decisiones no están influenciados por el afán
de lucro de las empresas. No es sólo nuestro sector de la apicultura y las
abejas lo que está en juego, sino la salud de nuestro medio ambiente (nuestra
agua, nuestro aire, nuestra tierra, nuestra naturaleza).
Expertos independientes y partes interesadas de fuera de la
industria de los plaguicidas deben también estar involucrados.
En concreto, la CEA insta enérgicamente a realizar una
profunda reflexión sobre las siguientes preguntas :
• ¿Se asemeja la evaluación de riesgos de plaguicidas a
la realidad de las colonias de abejas? Es decir, ¿se evalúa la exposición
prolongada a la contaminación del medio ambiente con una mezcla de plaguicidas?
• ¿Es el conocimiento en el que se basan las decisiones lo
suficientemente independiente? ¿Son los expedientes presentados por la
industria validados de forma independiente?
• ¿Quién está cuidando de nuestra salud medioambiental
en la UE?
El partido aún está en los primeros minutos - la revisión
de la antigua directiva no se concluirá hasta junio de 2011 y no será aplicada
hasta el 2013/14.
La Coordinadora Europea Apicultura pide a la Comisión
Europea que garantice un marco en el que las abejas y otros insectos
beneficiosos, junto con la actividad apícola, puede convivir con la
agricultura.
Ver
informe completo en pdf de la Corporate Europe Observatory y Coordinación
Europea de Apicultura (Noviembre 2010)

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