Fundación Amigos de las Abejas
 

La vida diaria de las abejas nos enseña con su ejemplo  a trabajar por el bien común, a convivir en sociedad, a respetar las leyes naturales y el medio ambiente. ¡Bienvenidos al apasionante mundo de las abejas¡

 

El año pasado publiqué un artículo en la revista “Alucénate“ sobre la desaparición de las abejas en Europa, que también fue publicado por alguna prensa local de Guadalajara. A raíz del artículo me hicieron muchas preguntas, tres de las cuales procedo contestar:

¿Qué ocurriría si desaparecieran todas las abejas?

Sería entrar en la ciencia-ficción, al margen de películas y libros apocalípticos que oportunistamente tratan el tema, dando rienda a la imaginación.

La desaparición paulatina de todas las abejas provocara una lenta pérdida de biodiversidad vegetal y animal, una disminución lenta y permanente de las cosechas de frutos y hortalizas directamente relacionadas con la polinización de las mismas.

Todos los ecosistemas se verán alterados y degradados en especies vegetales y animales. El hombre creara proteínas sintéticas derivadas del petróleo y subproductos vegetales, aparecerán artículos de consumo reciclables, obligando a un cambio en la dieta de las poblaciones humanas.

Estos hechos provocarán una creciente falta de alimentos sobre la tierra, las poblaciones  en las zonas subdesarrolladas sufrirán una hambruna que diezmará a sus habitantes y migraran a zonas más desarrolladas que tratarán por todos los medios de contener las avalanchas humanas que se producirán.

Si la desaparición total se provoca de forma brusca, es decir, en un periodo menor de 10 años, es muy probable que el planeta se colapse por la falta de alimentos, provocando una gran reducción de la población. Es posible que el instinto de supervivencia ocasione guerras que serán difícilmente controladas por la ONU.

¿Pueden desaparecer realmente las abejas de la tierra?

Resulta una hipótesis demasiado arriesgada y difícil de producir. Antes de que apareciera el hombre, las abejas habían poblado ya todo el planeta. Por ello, desde las más remotas civilizaciones de las que se tiene noticia y en la actualidad, la abeja está  asociada a las actividades del ser humano

Aunque su verdadera importancia reside en la polinización, manteniendo vivos los ecosistemas, son el sostén de la biodiversidad, responsables de la polinización del 80% de las plantas, cultivadas y silvestres.

Los problemas que tienen las abejas en los últimos 30 años han crecido de forma alarmante; la globalización  conlleva el traslado de patologías entre las especies de abejas, provocando que enfermen y mueran por una complejidad de causas y factores que dificultan un diagnóstico preciso y un tratamiento efectivo.

El uso de cultivos transgénicos y el empleo de productos químicos para producir más y mejor en la agricultura, crean nuevos riesgos insuficientemente evaluados a largo plazo para nuestras abejas.

A estos hechos conocidos hay que sumar la destrucción a un ritmo cada vez más acelerado de los ecosistemas naturales, los incendios y la contaminación ambiental, por citar algunos de los problemas más importantes, tanto para las abejas como para el hombre.

A pesar de todo, creo en su supervivencia; soportaron en el pasado glaciaciones y épocas de intenso calor sobre la tierra, adaptándose de forma natural al medio. Ahora las transformaciones ambientales son mucho mas rápidas que en el pasado, posiblemente perezcan algunas especies de abejas, pero otras superaran las dificultades, como la abeja africanizada que se extiende salvaje y sin control por el continente Americano.

¿Qué podemos hacer para que continúen con nosotros?

La solución al problema de la desaparición de las abejas esta ligada íntimamente a que  el ser humano encuentre el equilibrio entre el desarrollo y el medio ambiente, que sea capaz de controlar su población y el consumo de materias primas, que respete y mantenga al máximo la biodiversidad de especies vegetales y animales.

Los gobiernos deben favorecer la investigación de estas enfermedades globalizadas de las abejas, facilitar los medios para su control e incentivar la apicultura.

Es necesario implicar a la sociedad en programas de educación ambiental, para saber valorar el legado medioambiental recibido  y la responsabilidad de mantenerlo y conservarlo para las siguientes generaciones.

Luis Pérez Ventosa -Profesor y apicultor, presidente de la “Fundación Amigos de las Abejas” en proceso de constitución.