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LA UNIÓ-COAG ha solicitado
a las Administraciones que analicen los efectos del cambio climático
sobre la abeja y el resto de polinizadores
La abeja de la
miel es un buen bioindicador para detectar los efectos del cambio climático y
el estado de salud del planeta
El déficit de
polinización podría provocar pérdidas de 600 millones de euros anuales en la
producción agraria valenciana y la desaparición de especies protegidas
LA UNIÓ ha solicitado a las Administraciones que tengan en cuenta y analicen
los efectos del cambio climático sobre la abeja de la miel y el resto de
polinizadores. La petición ha sido realizada a través de sendos escritos
remitidos a la Dirección General para el Cambio Climático de la Conselleria de
Medio Ambiente y a la Secretaría General para la Prevención de la Contaminación
y el Cambio Climático.
LA UNIÓ estima que el déficit de polinización, provocado por el síndrome de
despoblamiento, podría provocar perdidas de más de 600 millones de euros
anuales en la producción agraria valenciana. Por este motivo, LA UNIÓ ha
ofrecido su apoyo y colaboración para realizar algún estudio y ha solicitado
que trasladen esa petición al Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC)
de la ONU, cuya reunión se celebró recientemente en Valencia.
En los mencionados escritos de LA UNIÓ se indica que la abeja de la miel es un
buen bioindicador para estudiar el estado de salud de nuestro planeta y los
efectos del cambio climático. La pérdida de sincronización entre el ciclo
biológico de los vegetales y el de los polinizadores está provocando la
desaparición de especies vegetales y animales.
Enrique Simó, técnico del sector apícola de LA UNIÓ, señala que "en
los últimos años se ha acentuado todavía más la importancia agroambiental de
la apicultura debido a la decadencia generalizada de los insectos polinizadores.
Estudios recientes revelan una disminución alarmante, tanto de especies como de
individuos, en las poblaciones naturales de polinizadores como son las abejas
solitarias o las moscas de las flores. Esta disminución realza la importancia
de la abeja de miel que ha pasado a asumir la polinización que antes realizaban
otros insectos, convirtiéndose en la mayoría de los casos en el polinizador
mayoritario. En entornos agrarios se estima que un 80-90% de los insectos
polinizadores ya son abejas".
Simó señala que "la crisis apícola se agrava día a día y hay que
buscar soluciones. La apicultura está en la cuerda floja, al límite de la
rentabilidad, asfixiada por problemas sanitarios e inmersa en una grave crisis
de precios. El síndrome de despoblamiento sigue afectando a millones de
colmenas en todo el mundo, elevando la tasa de mortalidad hasta en un 50% y
debilitando las colonias hasta alejarlas de su estado productivo óptimo. Los
problemas de la apicultura nos alertan que no somos tan sapiens como pensamos y
que nos estamos equivocando al ir en contra de las leyes de la naturaleza".
A juicio de Simó "las Administraciones todavía están a tiempo de ponerle
remedio y darse cuenta que los productos apícolas pueden importarse de
cualquier parte del mundo pero lo que no puede importarse es la polinización y
es eso lo que hace que la apicultura sea imprescindible para nuestros
ecosistemas naturales y agrarios".
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